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El profundo cambio social y económico que se está operando hoy en nuestra sociedad ha dejado patente que la creación de empresas aparece como uno de los principales motores de la generación de empleo. Las formas de trabajo están cambiando: aparecen soluciones nuevas como son el desempeño simultáneo de varias actividades profesionales o la actividad profesional independiente.

Además, las relaciones de trabajo tradicionales están sufriendo una gran transformación debido al elevado desempleo en ciertos sectores: el descenso de empleo público; el recurso, cada vez más frecuente, a la subcontratación en todas las grandes organizaciones y la promoción de la iniciativa y de la empresa como claves del crecimiento económico.

El “espíritu emprendedor” ya no puede seguir percibiéndose como una opción arriesgada y minoritaria, es y será en el futuro la mejor de las oportunidades de acceder al empleo, y el instrumento de dinamización económica, creación de empleo y desarrollo de una sociedad. ¿Qué es el espíritu emprendedor?

Tomando como referencia un texto elaborado por la Unión Europea se describe como:

“Por espíritu de empresa se entiende la habilidad de la persona para transformar las ideas en actos. Está relacionado con la creatividad, la innovación y la asunción de riesgos, así como con la habilidad para planificar y gestionar proyectos con el fin de alcanzar objetivos.”

Así pues, las características más sobresalientes del espíritu emprendedor son:

El espíritu emprendedor está estrechamente ligado a la iniciativa y a la acción. De la propuesta, del deseo a la acción. En este sentido, es muy destacable el informe estudio que realizó las Cámaras de Comercio donde resaltaban el muy importante espíritu emprendedor en España en función de la información obtenida en una encuesta. La realidad es muy diferente (no hay acción). Este estudio se anexa como material de consulta del módulo.

Las personas dotadas de espíritu emprendedor poseen la capacidad de innovar; tienen voluntad de probar cosas nuevas o hacerlas de manera diferente. Como trataremos en otros apartados, generar una iniciativa de éxito supone “crear valor añadido”, y ello solo se puede construir desde la innovación.

El espíritu emprendedor supone querer desarrollar capacidades de cambio, experimentar con las ideas propias y reaccionar con mayor apertura y flexibilidad. No se trata de emprender porque no queda más remedio, porque no encuentro empleo o por otros factores exógenos a la persona, es una actitud personal, una inquietud, una forma de ser y estar.

En conclusión, el espíritu emprendedor presenta una doble faceta. Por un lado, el espíritu emprendedor supone saber lanzar nuevos proyectos con autonomía, capacidad de asumir riesgo, con responsabilidad, con intuición, con capacidad de proyección al exterior y con capacidad de reaccionar y resolver los problemas. Por otro lado, también supone saber llevar a cabo proyectos de otros con el mismo espíritu de innovación, responsabilidad y autonomía.

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